Hay veces que mi fuerza se desvanece y son los miedos los
que cobran vida. Estos miedos me anulan, me atrapan como alguien atrapada en
cuatro paredes sin puertas, sin ventana. Me oprimen el pecho , me limitan y hacen que me paralice . Me siento
débil y tropiezo en una espiral de negatividad que me lleva a la absoluta
oscuridad. Me hacen recordar cosas del
pasado y proyectarme hacia el futuro. Un pasado lleno de errores y un futuro
lleno de fracasos. Pero cierto es que estas rachas cada vez son menos intensas
y más llevaderas. Descubrí que lo único que tengo es el momento de ahora y sin
más me relajé y me dejé fluir.
Con todo lo que he pasado por alguna razón sigo viva… y aun me
cuesta comprender porque en ocasiones sin más pierdo las ganas y la fuerza para
valorar mi vida y seguir adelante. Pero
así es como mi cabeza gestiona las fases depresivas. Me dejo dominar por el
miedo la desgana el desinterés por las cosas externas hasta llegar a un punto
donde nada importa y es ahí en ese punto; donde todo se relativiza y la tranquilidad me
invade y siento una paz interna con la
cual le gano el pulso al miedo.

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